“Vuelvo a mis raíces”

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Maestro de la guitarra andina revela que alguna vez hizo música tropical con su hermano. Hoy regresa con fuerza a los sonidos de su tierra.

El 27 de noviembre Manuelcha Prado celebrará 45 años de vida artística en el Gran Teatro Nacional. Sobre ese largo periplo vital y musical, conversamos con el maestro puquiano de la guitarra andina.

–¿La música lo encontró a usted o usted la encontró a ella?

–La guitarra llega a mí cuando tenía 12 años, pero primero uno va aprendiendo los sonidos elaborados junto a los sonidos naturales, ya sea en la canción que cantan los niños a la montaña, a las nubes y a la lluvia, como la que se canta al amor de pareja o de padre y madre. Esa música también la absorbí desde muy pequeño para, posteriormente, tratar de manifestarla desde la guitarra. Luego, usé la voz para cantar.

–¿En qué momento sintió que podía compartir con los demás, sin temores, la música que hacía?

–Lo que hicimos hasta la edad adulta fue para nuestro solaz y gusto, para expresar, sin pensar que en algún momento podíamos convertirnos en profesionales. No existía temor, solo fluir y tocar bien para descubrir y hurgar en la guitarra, en sus secretos, acordes y posibilidades. Los pasos profesionales se dan muy posteriormente, cuando uno siente la responsabilidad de llevar ese mensaje de manera ordenada. Y es allí cuando uno se topa con un mundo de zancadillas e incomprensión.

–¿Tuvo muchos obstáculos?

–Los tuve más en las urbes, cuando uno trataba de difundir el mensaje. Allí uno va cayendo en cuenta que vive en un país difícil, complejo y con muchos complejos de inferioridad, y de superioridad también; con muchas contradicciones y con un gran ‘síndrome colonial’…

–Si era así, ¿por qué se fue a vivir a las urbes?

–Decidimos venir a terminar la secundaria junto a mi hermano Percy. Fue entonces que nos asentamos en serio en la urbe. Aquí, antes de continuar con la guitarra de palo, llegué a formar un grupo tropical con él: Tempestad 5.

–¿Qué buscaba haciendo esa música tan distinta a la que había estado tocando?

–Adaptarnos a esa Lima difícil de la mitad de los años 70. Usábamos timbales, bongoes y guitarras eléctricas. Con este conjunto trabajamos dos años. Trajiné también por las peñas criollas. Juan de Dios Rojas me presentó a muchos criollos. Conocí mucho más la personalidad de la música del mundo andino, la del litoral urbano y la que venía de Cuba y la norteamericana. Iba diferenciando eso nítidamente y, en algún momento, había que definir por cuál optar. Luego decidimos retomar la guitarra acústica.

–Entonces ¿por qué, en los años 90, con la Banda Kavilando, usó guitarra eléctrica, batería y teclados?

–Había viajado bastante por América y Europa, y no me era ajeno el mensaje afirmativo del jazz, el blues y el rock. En aquel momento necesitaba algo fuerte, que empatara con el mensaje del mundo andino. Busqué entonces a varios amigos para trabajarlo. Eso se plasmó en el disco Saqra, pero luego cada uno siguió su camino. Fue una conversación intercultural y también un disco contestatario. Ni una radio quería pasarlo.

–Es que era 1998 y 1999, con una situación política muy difícil.

–Sí. Estaba Montesinos, que había hablado con Raúl Romero aludiendo a nuestros sonidos, diciendo que había que contrarrestarlos porque estábamos fregando la pita.

–A usted lo elogió en Londres Jimmy Page y eso llamó mucho la atención aquí, porque tendemos a ver con más atención lo de afuera que lo que tenemos adentro. ¿Cómo se dio esa situación?

–Ni sabía que iba a estar en el concierto de aniversario del programa de la BBC Por las rutas del mundo. Nos presentaron y me escuchó tocar. Al final volvimos a conversar, y me felicitó. Sus palabras fueron ‘qué hermosa música, ¡cómo me hubiera gustado escucharla antes!’ ¿Qué habría querido decir? Posiblemente que si antes se hubiera nutrido de nuestra música, hubiera tomado algo de ella. Fueron palabras halagadoras.

–Luego de tantas vivencias, ¿por dónde va su búsqueda musical ahora?

–Hay una figura interesante: la del dragón que se muerde la cola. Estoy así. Vuelvo a mis raíces y busco los vasos comunicantes de las músicas andinas. Escucho la música de Ayacucho y encuentro puntos en común con la de Andahuaylas y Apurímac, y con la de Cusco y la del altiplano. Entonces no creo que tenga tiempo para seguir hurgando en músicas foráneas, habiendo tanta música bella y hermosa en nuestro propio país.

–Y pensar que en Lima solemos percibir todas esas músicas como si fueran iguales…

–Es que la globalización y el neoliberalismo tienden a aplanar todo, a homogenizarlo, haciendo tabla rasa de las culturas. La ‘telebasura’ se encarga de hacer ese trabajo.

Fidel Gutierrez
Fuente: http://www.elperuano.com.pe/edicion/noticia-vuelvo-a-mis-raices-23135.aspx#.VEZ_RPldWuL